Mientras la abundancia mineral disminuía, San Miguel se hacía popular por ser un lugar tranquilo y bello para vivir y una atracción para los adinerados por sus aguas termales naturales. El actor mundialmente famoso Cantinflas, frecuentaba San Miguel en los cincuentas y sesentas trayendo con él un sequito de estrellas de cine y cantantes.
Para el año de 1900, el pueblo estuvo apunto de morir. Habiendo sido declarado como monumento nacional en 1926 (sin letreros luminosos, ni edificios modernos), el viejo centro histórico aún conserva la elegancia colonial de su abundante pasado.
Fue después de la Segunda Guerra Mundial que San Miguel comenzó a revivir como atracción turística, mientras que muchos GI’s descubrían que sus becas educacionales se extendían más en México en la escuela de arte acreditada por EE.UU. El Instituto Allende, fundado en 1950.
San Miguel de Allende es mundialmente famoso por su clima templado, su arquitectura colonial, y la gran población expatriada, la cual se estima esta en un rango de 9,000-10,000 extranjeros. De los cuales, la mayoría son Estadounidenses, con un buen porcentaje de Canadienses, y unos pocos Europeos y de otras nacionalidades. Mucha gente ha elegido jubilarse aquí, y así la gran comunidad de extranjeros ha traído un buen número de conveniencias que normalmente no encontrarías en un pueblo de este tamaño.
Santuario de Atotonilco
A menos de un kilómetro del Hotel se encuentra el Santuario de Atotonilco, fundado por el Padre Luis Felipe Neri de Alfaro. El Santuario arquitectónicamente hermoso, construido con muros de calicanto, domos y pilares de cantera. El Santuario tiene seis capillas: Belén, Loreto, Rosario, Soledad, La Purísima y El Calvario.
La Sacristía contiene murales y esculturas que nos hablan del fervor religioso y la perseverancia artística de su iniciador, continuadores y ejecutantes. El Santuario de Atotonilco figura en la lista de las 100 más hermosas edificaciones del mundo.
La construcción comenzó en 1740 y se completó en 1748. de este Santuario proviene el primer Estandarte de Independencia de México. Esta Bandera con la imagen de la Virgen de Guadalupe es preservado hoy en día en el Museo Nacional de México.
A la entrada del Rancho Hotel Atotonilco el Viejo se encuentra la Cruz del Perdón, donde simbólicamente los Peregrinos domingo a domingo depositan una piedra que simboliza el desprendimiento de sus pecados. A 1 km. el sueño de Luis Felipe Neri de Alfaro, el actual Santuario de Atotonilco se convierte cada domingo en un mercado de artículos religiosos (cristianos) como pocos existen en el mundo y su Iglesia en su estilo es patrimonio de la humanidad.
Es tradición, entre los vecinos de Atotonilco, idear que el reverendo padre Alfaro venia del pueblo de los Dolores para esta ciudad, y que fatigado del camino se acostó a descansar bajo la sombra de un mezquite que se encontraba donde hoy se ve la iglesia principal; que en sueños se le apareció el Redentor con una cruz al hombro, tal como existe en la sagrada imagen que se venera ahí, y le dijo le fabricara un Templo en aquel mismo lugar; que el Padre inmediatamente se fue a ver al Señor Don Ignacio García, dueño de Atotonilco, para hacerse del terreno, y quedó resuelta la fundación.
''La primera piedra de este santo templo se puso solemnemente el lunes 3 de mayo de 1740, con asistencia de algunos de los presbíteros de la V. Congregación del Oratorio. Desde este momento empezó Dios a señalar este santo lugar con muy particulares gracias, pues, estando el reverendo padre Alfaro en la mañana trazando los cimientos de la nueva iglesia, se dejaron ver tres Iris: uno al oriente, otro al norte y el otro al sur, dejando descubierto el poniente. Por este raro suceso, el padre Alfaro dispone poner la puerta del templo mirando al poniente.
Es en este santuario de Jesús Nazareno donde principalmente se revela el Padre Alfaro como un ''Sacerdote fiel y según el corazón de Dios''; además de su humildad, llevada hasta el extremo, de su inagotable caridad con el prójimo, de su amor a Dios, de su exactitud en el cumplimiento de sus deberes y de su elevada y constante oración, distinguiéndose principalmente por su rara mortificación y penitencia. Utilizaba como cama una zalea y dos cobijas muy ligeras; su comida siempre fue tan escasa que apenas podía mantener el hambre, los cilios que cargó toda su vida eran tantos que apenas le dejaban libres las coyunturas del cuerpo; además todos los viernes comía pan de lágrimas, vistiendo un jubón el cuál le cogía toda la espalda, todo el pecho y la caja del cuerpo, con unas puntas penetrantes. Los viernes santos además de todas estas penitencias se colocaba en los pies unas zapatillas de hoja de lata tan ásperas, que pareciese imposible dar un paso con ellas, así mismo unas laminas del mismo material en las rodillas, haciendo todo esto con gran disimulo dándole movimiento natural a su cuerpo.
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